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Luego de doce años de trabajo misionero en Paraguay, el P. Antonio Tran de origen vietnamita, se despide del pueblo paraguayo a quien tanto amo. Fue párroco rural, educador y hasta formador de postulantes. Ahora asignado a otra misión en Europa, se despide de su pueblo de adopción con estas palabras llenas de cariño.

El tiempo pasa muy rápido. Hace una docena de años que llegue al Paraguay y parece que fuera ayer. De un extranjero mita´í con muchas cosas nuevas y raras como el idioma, la cultura, las tradiciones y las comidas… Dios me ayudo a convertirme en un paraguayo.

Al principio, pensé que no iba a aguantar un año en esta tierra de misión, pero poco a poco, me acostumbre y me adapte a las personas guapas y generosas del interior del país en las parroquias rurales, como Curuguaty, Jasy Kañy de Canindeyu, las Colonias Unidas de Itapúa hasta las parroquias urbanas del Departamento Central.

Gracias, Paraguay – Adiós, Paraguay


Paraguay es realmente un país bendecido porque ha recibido y sigue recibiendo a los misioneros extranjeros, los enviados de Dios de distintos continentes con cariño, amabilidad, solidaridad y calidez del corazón, para acompañarlos y convivir con ellos.  De un extranjero, me he convertido en un paraguayito, desde entonces, de voz, estilo de vida, apariencia e incluso el documento de identidad también me confirmaron que soy un paraguayo.


Paraguay tiene muchas tradiciones y culturas bellas y los paraguayos en general son guapos, hospitalarios y generosos. La gente que vive en el interior (las zonas rurales) es tímida, humilde pero una vez, que quiere a alguien (especialmente sus líderes y sus pastores…,) está dispuesta a ayudar a estas personas hasta su último centavo. Si los extranjeros se inculturan y se adaptan con la cultura y a la gente con los gestos y las actitudes amables y simpáticas, la gente también se porta de la misma manera.


Siendo sacerdote misionero, trabaje en distintos lugares con distintas clases de personas de zonas rurales a urbanas. Tengo un recuerdo muy lindo y emotivo cuando estuve en la parroquia San Isidro Labrador de Curuguaty hace 10 años. En aquel tiempo me enferme muy grave que casi morí. La gente de distintas comunidades y capillas de la zona se acercó al lado mío, llorando y rezando para que Dios curara mi enfermedad. Cuando mejore alguito, la gente me visito, me regalo las primicias caseras como huevos, naranjas y gallinas caseras porque supieron que me gustaban estas cosas.


Los años que trabaje en el seminario con los seminaristas también fueron lindas experiencias porque ahí viví y compartí la vida comunitaria con los formadores y formandos de distintos países de América Latina. Acompañe con los seminaristas en las actividades de pastoral en los fines de semana para visitar a los reclusos en Tacumbu, Buen Pastor y los enfermos en IPS Central de Asunción. A través de estas actividades concretas de pastoral, me sentí bien en mi vida misionera y me enriquecí con las experiencias en la vida pastoral.


Los últimos años en Paraguay antes de recibir un destino nuevo de misión a Holanda, fui llamado a trabajar como vicario de la parroquia San Juan Bautista y administrador del Colegio Verbo Divino en Asunción con unos 1.400 alumnos, docentes y personas de servicio. No pensé que podría adaptarme con el nuevo ambiente rápidamente aunque trabajaba en el campo educativo en Vietnam hace 20 años atrás. Guardo muchos recuerdos hermosos en las jornadas de retiro, convivencia, excursiones.  Recibí muchos consejos útiles para mejorar el colegio también en mi vida pastoral de las personas guapas y buenas alrededores de mí. En la parroquia, solo trabaje medio tiempo pero los parroquianos me reconocieron y me exhortaron mucho en mi vida misionera. Todos son mi familia en Paraguay.


Unos días más voy a salir de Paraguay para otra misión en un país lejano en Europa. Me siento muy triste cuando debo despedirme de este pueblo querido. Che rohayhu Paraguay. Amo mucho esta gente amable. No llores por mí Paraguay, recen por mí y siempre los recordare a ustedes en mis oraciones y eucaristía diaria. Ustedes ya están en mi corazón.


Gracias Paraguay y a los paraguayos que me recibieron y me aceptaron como un miembro de este país. Les extrañare mucho. Es difícil encontrar un pueblo hospitalario como este. Adiós Paraguay y tu gente guapa. Aunque me despido, podemos encontrarnos un día porque el mundo de hoy es chico para nosotros. Que Dios y nuestra Mamita Virgen de Caacupe siempre los bendiga y los proteja.

P. Antonio Tran, SVD

Posteado en la pagina FB/PANAM zona

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