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El Hno. Carlos Ferrada Montero es un chileno que trabaja actualmente en Loreto, Agusan del Sur, en la isla de Mindanao. La siguiente es su reflexion sobre su experiencia misionera.

Una delegación de la SVD de América Latina me recibió en el aeropuerto. Los primeros cuatro meses viví en la comunidad SVD de San Rafael ubicada en la sede de la Universidad de San Carlos en Cebu, una ciudad de grandes contrastes. Para mí fue una novedad vivir en una gran comunidad de más de treinta cohermanos, la mayoría de los cuales trabajan en la Universidad.

Mi inglés básico me permitió comunicarme con ellos y con las personas. Es de destacar que un alto porcentaje de la población filipina habla inglés. Para mejorar mis conocimientos de inglés tomé clases intensivas.

El descubrimiento de las diferencias culturales

Me mudé a la ciudad de Davao para comenzar mi aprendizaje formal de la lengua visaya. Fueron cuatro meses de clases intensivas que me proporcionaron una base para poder comunicarme e interactuar con las personas en las parroquias rurales de Agusan del Sur. Mi presencia e inserción en Loreto, Agusan del Sur, me abrieron los ojos para observar y darme cuenta de la diferencia cultural entre mi país de origen y las Filipinas. Estas son algunas de sus observaciones dignas de mención.

Contacto físico

Lo primero que me llamó la atención fue la ausencia de contacto físico entre las personas. Mover los ojos y levantar las cejas lo consideran un saludo. Huelga decir que nunca he dado un abrazo o un beso en la mejilla, algo muy común en mi país. La falta de contacto físico se complementa con sonrisas de la gente y repentinos estallidos de risa.

La comida

La comida también es muy diferente y la base es el arroz. En Chile, sin duda que comemos arroz, pero no todos los días, y nunca en el desayuno. Además, los filipinos comen arroz blanco, sin cebollas, pimienta o ajo. Me gustó mucho la variedad de pescado y frutas tropicales, incluyendo el durian con su peculiar aroma. Observé que a los filipinos les gusta comer, y en todo momento. Siempre encuentran alguna razón para celebrar. Pero cuando los filipinos te invitan a sus casas no comparten la mesa con sus huéspedes. Se mantienen ocupados sirviendo a los visitantes de la mejor manera que pueden.

La resolución de conflictos

Si hay un problema con otra persona, el mecanismo utilizado por las personas para resolver el conflicto es excluir la posibilidad de una confrontación entre los involucrados. Hay necesidad de una tercera parte que sirva como mediador. Mantener la armonía en las relaciones interpersonales es esencial para los filipinos.

La experiencia de dejarlo todo y empezar de cero

La experiencia de dejarlo todo y empezar de cero en otro contexto cultural ha sido muy enriquecedora para mí. En primer lugar, lo considero como una escuela de humildad. Debo confesar que no me sentí útil durante mucho tiempo. Sin embargo, siempre recordaré las palabras del Padre Superior General Heinz Kulüke, «Carlos, tienes que sobrevivir a los tres primeros años, que son los más caóticos; después se empieza a disfrutar.

"Estoy a punto de completar dos años en las Filipinas, y aunque he avanzado en el aprendizaje de la lengua y la cultura local, siento que todavía tengo un largo camino por recorrer para ser capaz de sentirme como en casa y hacer una contribución real a Provincia. Mi vida espiritual se ha enriquecido en gran medida, y la oración ha sido el gran pilar que me ha apoyado. Ha habido grandes y difíciles desafíos, e incluso situaciones dolorosas.

Por último, he conocido la cara asiática de la SVD, con sus luces y sombras. Mi experiencia de la misión, en un contexto cultural diferente, me permite valorar y apreciar la cara de la SVD de América Latina. Doy las gracias a los cohermanos de PHS por su continuo apoyo y comprensión.

Hno. J. Carlos Ferrada Montero, SVD

Publicado en el boletin “Arnoldus Nota” – Mayo 2016