Facebook  Twitter  YouTube  Google+
Liderazgo 2
Liderazgo 1
Compartir en Twitter

La misión intercultural es el único tipo de misión que existe, y la vida intercultural es el único tipo de vida real que existe. “El amor de Cristo nos impulsa” (2cor 5:15).

Introducción: El contexto de estas reflexiones

El 18 de agosto de 2017, hice la ponencia principal en la Asamblea General de PANAM 2017 en Techny, Illinois, EE.UU. La charla fue por invitación del Coordinador Zonal Marcelo Cattaneo, quien me había pedido si podría reflexionar sobre tres temas: el tema del próximo Capitulo General 2018, el tema de la Interculturalidad (tema del Capitulo General 2012) y desde estas perspectivas, el tema de Liderazgo en la SVD y la iglesia de hoy.

Como le dije al grupo al principio de mi charla, se trataba de una “gran orden”: Conectar estos temas de manera significativa en las tres horas que me habían sido asignadas. Mientras preparaba mis reflexiones, sin embargo, me pareció que el tema de la charla debía ser el tema del Liderazgo, a la luz de los otros dos. Este breve resumen, por lo tanto, tendrá tres partes: Primero, sobre el próximo tema del Capitulo General; segundo, sobre la interculturalidad; y tercero, finalmente, en un liderazgo inspirado e inspirador de la vida y la misión intercultural.

“El amor de Cristo nos impulsa”

El tema del próximo Capitulo General, como sabemos, es “El Amor de Cristo nos impulsa” (2Cor 5, 14): Arraigados en la Palabra, comprometidos con su misión”.  Lo primero que hay que reconocer al reflexionar sobre este tema es que la frase “el amor de Cristo” es ambigua. Se refiere ante todo al amor de Cristo por nosotros, un amor que, cuando lo reconocemos, se convierte en nuestro amor por él y nos impulsa a la misión. Al leer y contemplar los evangelios, reconocemos como Jesús fue ungido por el Espíritu en su bautismo y así se comprometió a llevar una palabra de esperanza y alegría a los más pobres, la liberación a los oprimidos por los poderes que están fuera de su control y la curación a los que sufren (ver Lc 4).

Reconocemos como Jesús presto atención a mendigos ciegos sin importancia, abrazo a leprosos repulsivos y tuvo compasión de las viudas y de las multitudes hambrientas. Leemos acerca de las parábolas de misericordia, paciencia, generosidad e inclusión de Jesús, y su apertura a todos.

Leemos finalmente, (porque el estilo de vida de Jesús escandalizo a los piadosos de su tiempo) como Jesús fue condenado a muerte y murió por nosotros “cuando aún éramos pecadores” (Rom 5,8), y sin embargo, en su resurrección, fue reivindicado en su estilo de vida de compasión, encuentro y ternura. A medida que leemos y contemplamos, reconocemos que Jesús es de hecho “el lenguaje corporal de Dios”, como lo expresa el teólogo británico Mark Oakley o, como ha escrito el Papa Francisco, el “rostro de la misericordia”.

Reconocemos, según palabras de Juan Luis Segundo, que “Dios es como Jesús”: - que Jesús nos muestra concreta y poderosamente quien es Dios, y las profundidades y alturas del amor de Dios. Y así nos enamoramos de él, revelando así el segundo significado de “el amor de Cristo”. Conscientes, entonces, tanto del gran amor de Cristo por nosotros como de ser arrastrados de amor por él, estamos “impulsados” a hacer lo que él hizo, para compartir su misión.

Sin embargo, esa palabra “impulsar” necesita ser explicada. No significa hacer algo en contra de nuestra voluntad, sino todo lo contrario. Significa que somos inspirados, arrojados, llevados, animados en ese amor, para así trabajar entre los pobres como lo hizo Jesús, teniendo el mismo sentido de presencia entre la gente, el mismo sentido de inclusión, paciencia y misericordia.

Pero a medida que somos atrapados en la misión de Cristo, nos damos cuenta de que necesitamos arraigarnos cada vez más en la Palabra, la Palabra que esta encarnada en Jesús y la Palabra que está en las Escrituras, hacer ese amor más plenamente, y comprometernos más completamente con su persona y con su misión.

Me imagino esto como un círculo o una espiral en la que podemos entrar en cualquier punto e ir en cualquier dirección. Podemos comenzar contemplando la Palabra, como sugerí anteriormente, y entonces reconocer el amor de Cristo, enamorarnos y comprometernos con la misión. O podríamos comenzar con la actividad de la misión, reconocer que necesitamos más profundidad en nuestro arraigo en la Palabra, y así llegar a una comprensión más profunda del amor de Cristo. O podríamos tener un encuentro con el Señor, imitarlo en su misión, y recurrir a la Palabra como alimento y fortaleza. El círculo se convierte en una espiral, y va de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, un ritmo en el que nos involucramos todos los días de nuestras vidas.

Incluso he detectado una conexión con nuestra espiritualidad SVD de dialogo profético y con la idea de “discipulado misionero” del Papa Francisco (y Aparecida). Al vivir una vida de dialogo con los que servimos (nuestros interlocutores), estamos impulsados a una relación personal más profunda con el Verbo Encarnado y la Palabra de la Escritura, que nos lleva a vivir la misión profética de predicación clara y pertinente de Cristo, ofreciendo una palabra de esperanza, convirtiéndonos en comunidad de justicia y enfrentando sin temor cualquier tipo de injusticia. Esto es “discipulado misionero”, o transformar el discipulado misionero como leemos en la segunda Guía de Reflexión Comunitaria del Generalato. Tal discipulado, enraizado en la Palabra, está comprometido con la misión intercultural.

Interculturalidad

Nuestra congregación en realidad siempre ha sido multi-cultural, desde el momento de su fundación en Holanda por parte de un alemán, acompañado de un austriaco / italiano /ladino entre los primeros miembros. La Constitución 303.1 reconoce nuestra internacionalidad y nuestro capitulo de 1988 nos llamó a “pasar” a otras culturas y pueblos.

Nuestro capitulo de 2012, sin embargo, nos llamó a ir aún más lejos para vivir y hacer la misión intercultural, volviéndonos plenamente conscientes ahora de lo que la palabra significa y nos compromete. Roger Schroeder, Tim Norton y Adriana Milanda, SSpS han hecho un trabajo maravilloso para ayudar a nuestras congregaciones a profundizar nuestra comprensión de la interculturalidad.

Nos ayudan a ver la interculturalidad como una práctica constante de enriquecerse mutuamente y desafiar a los demás, y trabajar por ese enriquecimiento y desafío en las comunidades en las que hacemos misión. La interculturalidad no se trata solo de la cultura, sino de la raza, del género, e incluso de las generaciones. Es, como señala el antropólogo SVD Jon Kirby, el constante cultivo del aprendizaje para tratar de forma honesta y creativa la diferencia.

Sin embargo, este compromiso con la vida y la misión intercultural no es solo el resultado de ser miembros de la Familia Arnoldus. Es algo profundamente arraigado en la dinámica de la diferencia, la comunicación y la comunión de la Trinidad como tal. Estamos llamados a vivir la misma vida con los otros que la Trinidad vive en el centro del Misterio de Dios, y que Dios promueve en la historia de la salvación.  La misión intercultural es el único tipo de misión que existe, y la vida intercultural es el único tipo de vida real que existe. Esta es una misión y una vida que requiere un liderazgo sabio y hábil para inspirarnos a vivir interculturalmente e inspirar a otros a la vida intercultural.

Liderazgo intercultural para la misión intercultural

Este liderazgo, en primer lugar, no es una mera gestión. Tal como los estudios de liderazgo están enfatizando hoy en día, el liderazgo es realmente más que una habilidad o una técnica; sus modelos son, según el gurú del liderazgo Peter Koestenbaum, “religión, arte, política y amor”.

La tarea del liderazgo es dar una visión. La preocupación de los líderes es la Misión; la preocupación de los gerentes es el Mantenimiento. Otros pensadores serios sobre liderazgo contrastan el “liderazgo reactivo” con “liderazgo creativo” o “liderazgo transaccional” con “liderazgo transformador”.

Enraizando tal teología del liderazgo en tres grandes cambios de paradigma en los últimos cien anos (los cambios a la centralidad de la teología trinitaria, a una eclesiología de comunión y misión más que de institución y estructura y a una cosmología de emergencia en la que Dios no se entiende como “fuera” del proceso manipulándolo, sino “dentro” persuadiéndolo e impulsándolo) podemos ver a Dios como el líder del universo, ofreciéndole una visión en el Reino de Dios proclamado por Jesús, que fundo una comunidad cuyo estilo de vida es tan radical que, como escribe el canadiense Rudy Wiebe, “es la cosa más estúpida y tonta de la tierra, o esta tan fuera de nuestro pensamiento habitual que solo puede venir como una revelación procedente de Dios”.

La predicación, el servicio y la encarnación de este tipo de comunidad es la tarea misionera de la iglesia, y esa tarea es esencialmente intercultural. Es a esta misión y esta profundización constante a la que nos impulsa el amor de Cristo. La tarea del liderazgo en la SVD y la SSpS es inspirar, prever, persuadir a nuestras comunidades a tomar en serio esta visión intercultural y ayudar a los SVD y a las Hermanas del Espíritu Santo a ser misioneros interculturales. Tales líderes, como escribe Tim Norton, necesitan ser “buenos oyentes tanto a la gente a la que están dirigiendo como al Espíritu que los guía”. Nuestros líderes, especialmente, necesitan ser impulsados por el amor de Cristo, llamando a sus hermanos y hermanas a arraigarse en la Palabra, y comprometerse con su misión.


--- P. Stephen Bevans, SVD

Publicado en el boletín “Arnoldus Nota” – Octubre 2017