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En la carta de convocatoria del próximo Capitulo General, escribimos: “El objetivo de este Capítulo es fomentar un proceso de reavivamiento espiritual, que nos devuelva a la Palabra de Dios como fuente de nuestra vida, vocación y compromiso misionero religioso”.

El Capitulo, concebido como una renovación espiritual, es un proceso que ha comenzado en nuestras comunidades, provincias, regiones y misiones y continuara en el periodo de tiempo en que los capitulares se reúnan en Nemi, y aun después de ese periodo.

Este proceso es un proceso continuo de volver a la Palabra de Dios como fundamento de nuestra vocación, nuestra vida, misión intercultural y compromiso misionero religioso. Volver a la Palabra de Dios, estar enraizados en la Palabra, es la forma en que elegimos para renovar nuestra Vida y Misión porque ese arraigo es la base de nuestra Congregación y nuestra vocación. Nuestro Fundador fue un hombre de la Palabra; su arraigo en la Palabra lo ha inspirado, motivado y fortalecido en su compromiso misionero religioso. Por lo tanto, volver a la Palabra nos invita y nos alienta a ampliar nuestro conocimiento y a profundizar nuestro vinculo espiritual con San Arnoldo Janssen, nuestro Fundador, y con la generación fundadora de nuestra Congregación.

En los últimos anos, casi en cada número del Arnoldus Nota, se ha publicado un artículo sobre la herencia de nuestro Fundador a nuestra Congregación. Y a mediados de 2017 se publicó el Arnold Janssen Reader con citas de sus cartas y conferencias.Los animamos a que lean estos materiales para inspirarse con ellos en el camino de nuestra renovación. Al P. Joseph Alt, el escritor de “Arnold Janssen: Lebensweg und Lebenswerk des Steyler Ordensgründers”, una biografía de más de 1.000 páginas de nuestro Fundador que ha sido traducida a diferentes idiomas, se le pregunto una vez cuales serían, según el, las principales características de la personalidad de San Arnoldo Janssen; y el respondió: Sencillez, fe profunda y perseverancia. En el camino a nuestro Capitulo General, queremos reflexionar sobre estas tres características.

Sencillez

Una persona sencilla es alguien que sabe quién es delante de Dios y de los demás. La sencillez no es la torpeza de hacer o decir cualquier cosa; es más bien la humildad de aceptarse uno mismo y la disponibilidad para hacer uso de los talentos que ha recibido para el bien de todos. Una persona sencilla no se esfuerza por alcanzar un puesto, pero tampoco se queda atrás cuando se da cuenta de que es el momento y el espacio para contribuir a la realización de la voluntad de Dios. Sabe que el amor de Dios impulsa a las personas, pero también es consciente de que ser amado por Dios le permite amar a los demás y ayudarlos a crecer. Una persona sencilla reconoce que la Palabra que debe ser proclamada es la Palabra de Dios, no su palabra, pero también reconoce que sus palabras son necesarias para hacer que la Palabra de Dios se escuche. Una persona sencilla es consciente de sus fortalezas y defectos. No se cierra frente a las críticas y correcciones hechas por otros.

Al mismo tiempo, encuentra una manera amable de recordarles a los demás lo que necesitan para ser mejores. El proceso de renovación solo es posible si seguimos reflexionando sobre nuestras vidas, si estamos abiertos a las correcciones y tenemos el coraje de ayudarnos a crecer. No siempre es fácil. Recordamos lo difícil que fue para Arnoldo Janssen recibir una lista de 55 páginas con quejas de sus cohermanos de San Gabriel que le presento el padre Gier. Esto causo mucho sufrimiento al Fundador, pero lo acepto con gran humildad. En su discurso a la comunidad, en una celebración del día de la fiesta el 19 de julio, una vez más menciono su pensamiento central sobre la voluntad de Dios: “Realmente necesito oraciones.

La Congregación está creciendo rápidamente. Es la voluntad de Dios que cada miembro se dedique a su trabajo ... Pido al amor eterno del Espíritu Santo que me conceda su amor cada vez más ... Que el Señor establezca entre nosotros, en todos los aspectos, la relación que nos debe unir de acuerdo a su voluntad divina”. La renovación - cambiar las formas habituales de pensar y hacer - es una gracia de Dios y el resultado del apoyo fraterno mutuo, que incluye una crítica honesta y amable. La simplicidad de los corazones se expresa en la cercanía a los demás. En el espíritu de la kenosis, una persona con sencillez de corazón puede cruzar las fronteras para encontrarse con los demás. Compartir la dignidad común como persona humana es más importante que la posición que uno tiene. Las personas sencillas abandonan sus zonas de confort y se atreven a dar los pasos hacia la periferia. Solo podemos ser verdaderos misioneros inter gentes que pongan primero al último si somos personas sencillas de corazón.

La sencillez del corazón se manifiesta en un estilo de vida sencillo. Es una vida que no se define por lo que uno consume, sino que se define el significado que uno se da a sí mismo. La conciencia de ser misioneros religiosos debería ser el elemento determinante para decidir cómo vivimos. Aquí hablamos de solidaridad. Nuestro estilo de vida debe demostrar que pertenecemos a una familia mundial con miembros que tienen que luchar para satisfacer sus necesidades diarias. Nuestro compromiso misionero de colaborar en la construcción del Reino de Dios nos obliga a ayudar a mejorar la calidad de vida de los pobres y los marginados. Y solamente haremos esto de una manera creíble si nuestro estilo de vida es sencillo.

Fe profunda

Arnoldo Janssen era un hombre de fe profunda. Para el, la fe era principalmente la confianza en el Dios trino que lo llama a participar en su misión. Se sentía hijo de Dios y se dejaba guiar por el Espíritu para hacer la voluntad del Padre. La confianza es una relación amorosa. Arnoldo experimento el amor de Dios y quiso compartir ese amor con los demás. Arnoldo tenía la imagen del Dios Amor, expresada en su especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús y al Espíritu de amor. De hecho, el amor al Dios Trinitario fue el foco de la meditación de nuestro Fundador.  “El amor de Dios se vierte en nuestros corazones por el don del Espíritu Santo” (Rom 5, 5) fue uno de los cinco textos del Nuevo Testamento más citados por Arnoldo Janssen, ya que es la base de todo el trabajo misionero. El texto del AT que más cito es Jer 31: 3, “Te he amado con amor eterno”.

La fe, en el entendimiento cristiano, tiene tres dimensiones. El Papa Francisco nos recuerda nuevamente esas dimensiones en su exhortación Evangelii Gaudium. La fe tiene una dimensión intelectual (credere Deum) que necesita ser profundizada y reflexionada. Esto no se hace simplemente por una repetición servil de frases ortodoxas (EG 41) sino a través del estudio continuo y la reflexión.  Esa reflexión intelectual debe alimentarse para establecer una relación personal con Dios. Aquí hablamos de la dimensión afectiva de la fe (credere Deo) (EG 3, 7). Sin embargo, la fe no se trata solo de fórmulas y sentimientos. Tiene que llevarnos a una transformación (credere in Deum). Este aspecto de la fe cambia nuestro comportamiento y nos lleva al servicio de los pobres y de la justicia. Nuestra renovación surge de la fe. Necesitamos preguntarnos si la imagen que tenemos de Dios nos lleva a la renovación. Como misioneros religiosos, nuestra renovación debe afectar a nuestra relación con Dios y a nuestro compromiso con la transformación del mundo.

Perseverancia

La sencillez de corazón y la fe profunda conducen a la perseverancia en la vocación y el ministerio. Una persona persevera en su vocación y ministerio a pesar de las muchas dificultades porque cree firmemente que Dios mismo lo llama a esa forma de vida y ministerio, y porque está convencido del significado de su vida y de su ministerio para el y para los demás.

El Fundador le escribió a Johannes Anzer en julio de 1879: “Por encima de todo, cumpla pacientemente con su deber donde sea que la Divina Providencia lo coloque! El sabe porque está usted ahí. Así que no caigas en la tentación de la impaciencia. Antes, yo solía pensar cuando estaba en Bocholt: Por que debo estar enseñando aquí? Porque no en otro lado, donde podría estar haciendo mucho más por Dios? Pero mi obispo me dijo: Estas bajo la Divina Providencia. Y entonces no me queje, sino que cumplí con mi deber. Y más tarde, cuando estaba construyendo la casa de misiones, me di cuenta de que había estado en el lugar correcto para prepararme para mi futuro. Así que entrégate a la Divina Providencia”. La Divina Providencia es la voluntad de Dios, a la cual Arnoldo Janssen dedico su vida.

La perseverancia es la manera de crecer en nuestra vocación y ministerio. Paciencia para enfrentarse a los inconvenientes y fortaleza para experimentar lo inesperado nos transformara en personas más honestas con nosotros mismos y con una mayor comprensión a los otros. Seremos más honestos porque la confrontación con los problemas nos ayuda a darnos cuenta de nuestra fortaleza y nuestras limitaciones. Nos hace más comprensivos con aquellos que están pasando por el mismo proceso. La perseverancia no es posible sin el espíritu de sacrificio. Lo que dicen nuestras Constituciones sobre la formación es válido para todos: “Al principio de su formación, cada cohermano debe aprender a desarrollar la iniciativa en el marco de la obediencia y buscar nuevos caminos. También debería acostumbrarse al sacrificio y al fracaso con paciencia y coraje “(Const. 503)

En diciembre de 1905, Arnoldo Janssen le escribió a Josef Freinademetz:” Confía en Dios y mientras tanto aguanta lo que no puedes cambiar”. Le estaba dando consejo a un misionero experimentado con 26 años en la misión. La perseverancia no es una cuestión de edad. Todos nosotros debemos tener ánimo para persistir en nuestra vocación y ministerio.  San Arnoldo Janssen era conocido por su búsqueda de la voluntad de Dios. A menudo eso le tomaba mucho tiempo y, por lo tanto, a los otros les parecía dubitativo. Sin embargo, para Arnoldo Janssen, esperar el momento adecuado para tomar una decisión importante era un signo de respeto para las personas afectadas por tal decisión. La paciencia sirve más para la realización del bien que una decisión apresurada.

Le escribió a Freinademetz en 1899: “Cuando pones tu mano en un asunto difícil y el momento no es el correcto, harás mas daño que bien”. Queridos hermanos, la renovación no se hace con un curso, reunión o retiro. Lleva tiempo y, por lo tanto, requiere paciencia y perseverancia. Arnoldo Janssen le recuerda a H. Neunhofen en julio de 1897: “Los cambios espirituales se producen lentamente”. Ayudémonos unos a otros en este proceso.

Por el Padre Heinz Kulüke y el Equipo de Liderazgo