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El objetivo de nuestro próximo Capítulo General SVD, de acuerdo con la Primera Guía para la Reflexión Comunitaria publicada por el Generalato, es lograr una «revitalización» espiritual. 

Pensamos que el tema elegido tiene profundas resonancias con varios temas que han surgido como “Espiritualidad Verbita” en la historia reciente de la Congregación y desde su mismo origen. El tema: «“El amor de Cristo nos urge” (2Cor 5:14): Enraizados en la Palabra, Comprometidos en Su Misión”» es un llamado a una renovación que nos imaginamos es como un círculo al cual somos invitados a ingresar.

Podemos ingresar al círculo en cualquiera de los tres puntos indicados por el tema. Podríamos entrar al círculo contemplando la Palabra bíblica y ser arrastrados por el amor de Dios por nosotros y por el mundo revelado en las asombrosas parábolas de Dios sobre la misericordia, la generosidad y la inclusión; en la atención especial de Jesús hacia el sufrimiento y el aislamiento de las personas; en su libertad frente a la religión opresiva y su apertura a las personas generalmente rechazadas por la sociedad.

Tal comprensión del amor de Dios por nosotros puede hacer que nos enamoremos de nuevo de Jesús e «nos urja» a comprometernos de una forma nueva para unirnos a él en su misión. «Su misión es nuestra misión», proclama el Prólogo de nuestras Constituciones.

Y a medida que nos esforcemos por ser fieles a su misión como Misioneros del Verbo Divino, nos veremos urgidos a volver a las Escrituras y a impregnarnos una vez más en la Palabra. Otra forma de ingresar al círculo es, tal vez en un momento de oración, ser profundamente impactados por el amor de Dios en Jesús, lo que nos lleva a reflexionar más íntimamente sobre la Palabra y a comprometernos una vez más con su misión como Verbitas.

Otro modo también de ingresar es el de ser tocado por el amor de Dios en las personas que encontramos en nuestra actividad misionera, lo que nos lleva a un compromiso más profundo con nuestra misión como su misión; lo que nos da un nuevo aprecio por la Palabra. Algunos días podríamos ingresar al círculo de una manera; otros días de otra. Pero el círculo del compromiso misionero, la contemplación y la acción renovada continúa.

Diálogo Profético

En las últimas décadas, los Misioneros del Verbo Divino hemos reflexionado sobre nuestra comprensión de la misión como espiritualidad y compromiso con el Diálogo Profético. Vemos está dinámica en acción también en el tema del Capítulo General.

Al igual que al ingresar al círculo desde varios puntos, podemos entrar en «la danza» del Diálogo Profético (como los teólogos verbitas Roger Schroeder y Stephan Bevans se lo han imaginado) desde cualquier punto. Podríamos unirnos a la danza a través del diálogo: diálogo con la Palabra, o diálogo con las personas a quienes servimos en la misión de Cristo/ nuestra misión, o diálogo con el Dios Trinitario en oración.

Ese diálogo puede entonces llevarnos al ritmo de la Profecía, a un compromiso más profundo con la misión de Cristo, a nuestra misión de dar testimonio, encarnar y proclamar la Palabra. O podríamos ingresar a la danza con el ritmo de la Profecía, esforzándonos por ofrecer esperanza a quienes sufren o luchan por la justicia, esforzándonos por comunicar el Evangelio de formas que iluminen o desafíen nuestro contexto o esforzándonos por enfrentar los poderes de la injusticia y el odio.

Pero entonces nos damos cuenta de que necesitamos escuchar más profundamente a aquellos a quienes servimos y a la Palabra de Dios tal como la leemos en las Escrituras y en el mundo que nos rodea. A medida que vivimos y hacemos realidad el Diálogo Profético, estamos constantemente urgidos por el amor de Cristo, que nos llama a enraizarnos en su Palabra y comprometernos con su misión (y por ende, nuestra misión SVD).

Interculturalidad

Nuestro Capítulo General del año 2012 nos llamó a una vida y una práctica de interculturalidad, una vida y práctica que, como lo ha expresado Roger Schroeder, nos llama a ser enriquecidos y desafiados por las personas con las que vivimos y las personas a quienes servimos. Podríamos entender este compromiso con la interculturalidad a la luz del tema de nuestro próximo Capítulo General de ser urgidos por el amor de Cristo, estar enraizados en la Palabra y comprometidos con la misión de Cristo.

Solo podemos vivir y servir interculturalmente si hemos sido profundamente tocados por la realidad de la Encarnación: aquella en la que Dios se manifiesta plenamente en la debilidad y la limitación de la materia creada y la carne humana, lo que significa que toda la materia y toda la humanidad es santa y reveladora.

Esta realidad es central en nuestra espiritualidad SVD, especialmente debido a la centralidad del Prólogo del Evangelio de San Juan, que a menudo se lee en nuestras liturgias principales y al comienzo de reuniones importantes: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». La realidad de Dios en Cristo es ricamente intercultural, bellamente expresado por el poema del poeta británico Gerard Manley Hopkins: «Como un Martín Pescador que pesca el fuego»: ... Pues, en mil y mil puntos, de mil suertes, Cristo viviendo está (bello en la carne, adorables los ojos –no los suyos–) para el Padre, a través de tanto rasgo mortal, desde los rostros de los hombres.

Cuando experimentamos a Cristo de nuevo en las características y en los rostros de nuestros cohermanos, y en los rostros de aquellos a quienes servimos, podemos desplazarnos hacia a un servicio mayor al renovarnos en la misión de Cristo; esta renovación nos urge a buscarlo en la Palabra. O tal realización nos llevará a enraizarnos en la Palabra de Dios y nos lleva al servicio de la humanidad y toda la creación, uniéndonos a Dios tal y como Él actúa en la misión, trabajando para llevar a Cristo a su plena madurez en la comunidad y la misión intercultural.

Devoción al Sagrado Corazón

Esencial para la espiritualidad de Arnoldo Janssen y, por lo tanto, para nuestra Congregación fue su profunda comprensión del amor de Dios manifestado en el símbolo del Sagrado Corazón de Jesús. Para Arnoldo, como insiste el historiador verbita Jürgen Omerborn, el amor de Dios en el Sagrado Corazón era el mismo amor que el amor de Dios manifestado en el amor del Espíritu Santo. Es este amor el que nos impulsa a un arraigo más profundo en la Palabra y a un compromiso más profundo con la misión de Cristo, siempre inspirados por el Espíritu que se derramó sobre él en su bautismo en el Jordán.

La «devoción » al Sagrado Corazón no es una mera práctica piadosa. Es una espiritualidad que conduce a un compromiso misionero renovado. Que el tema de nuestro Capítulo satisfaga las esperanzas de nuestro equipo de liderazgo que lo eligió. Que nos reaviva como cristianos, como misioneros y como Misioneros del Verbo Divino.

Por el Padre Heinz Kulüke y el Equipo de Liderazgo

Publicado en el boletín “Arnoldus Nota” – Mayo 2018