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En estos días, circuló un meme donde aparecía Dios y el diablo en un diálogo gracioso: “el diablo decía: Estoy feliz porque conseguí cerrar todas las iglesias. Pero Dios le respondió: y Yo estoy muy feliz porque logre hacer de cada hogar, una Iglesia doméstica.”

Esta experiencia de una pandemia nunca vivida, nos ha hecho repensar muchas cosas y actitudes nuestras. El corona-virus nos obligó a encerrarnos en nuestras casas, pero al mismo tiempo nos hizo despertar, a través de las redes sociales para acercarnos a muchos hogares donde antes no habíamos llegado.

Este virus, nos alejó de los más cercanos y nos aproximó a los más distantes. Un virus que nos ha hecho cuestionar lo frágiles que somos ante un enemigo invisible, pero que nos ha aproximado más a Dios y a las personas que más queremos en nuestra propia familia.

En nuestra parroquia, San Pedro Claver de Monteria, hemos acompañado a nuestra comunidad todas las mañanas, a través de una pequeña reflexión de Evangelio, llamado “cafecito con Dios y la Eucaristía”. Ha habido mucha audiencia y participación, a través de comentarios, por las redes sociales.

De algún modo, podríamos decir que Jesús ha resucitado a nuestra pequeña comunidad verbita en los quehaceres domésticos y en las actividades del día a día. Y ha resucitado también a nuestra comunidad, porque la mayoría ha acatado la orden de quedarse en casa pero nos han acompañado de una manera nueva, en las redes sociales.

P. Juan José y P. Jaime Zuluaga, SVD

Publicado en el boletin de la SVD-Colombia # 12 - Abril 2020