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El próximo 6 al 27 de octubre de 2019, se celebrará en Roma el Sínodo para la Amazonía con el tema: “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. El Sínodo se centrará en nuevos caminos para la evangelización, la ecología integral y los pueblos indígenas y será una buena oportunidad para nosotros, los SVD, para profundizar la comprensión de nuestro compromiso misionero. --- P. Daisuke Narui, SVD- Coordinador General JPIC

La región amazónica, un paraíso de la biodiversidad, también conocida como el pulmón verde de nuestro planeta, ya que genera el 20% del oxígeno de la tierra y constituye un tercio de las selvas tropicales del mundo, se extienden por nueve países de América del Sur. El río Amazonas, al que la región debe su nombre en cierta medida, es la madre de todos los ríos y proporciona más del 20% del agua dulce apta para el consumo.

Los habitantes indígenas amazónicos, con sus enormes diversidades étnicas, lingüísticas y culturales, conviven en comunión unos con otros y en armonía con la creación. Son los custodios de los recursos de la región y la memoria viva de nuestra misión de proteger la casa común que Dios nos ha confiado. Lo que sucede en la Amazonía afecta significativamente a toda la tierra.

Somos conscientes de que los terribles enfoques, las actitudes y las actividades en la Amazonía, con políticas de desarrollo distorsionadas, han afectado negativamente al ecosistema de la región, han socavado los derechos de los pueblos indígenas, han descartado su riqueza de sabiduría y han creado un impacto devastador en el mundo. Esto incluye condiciones climáticas extremas y erráticas, extinción de especies, inundaciones excesivas, sequías angustiosas, desigualdad y pobreza en aumento, desplazamiento y desaparición de comunidades indígenas, etc.

Los intereses comerciales y consumistas compiten por controlar los recursos naturales “inagotables” de la región, las industrias extractoras y los elementos expansionistas explotan excesivamente las riquezas. Las empresas y grupos de la región con una mentalidad colonial corroen la cultura y la “cosmovisión” de los indígenas, la construcción de megaproyectos hidroeléctricos, la construcción de carreteras a costa de las selvas tropicales, etc., han contribuido en gran medida a contaminar los lagos, los ríos, las tierras, los biomas y los lugares sagrados de la región.

Además de todo esto, la tala indiscriminada, la minería ilegal, el cultivo comercial de estupefacientes, las violaciones flagrantes de los derechos humanos básicos, la criminalización de los defensores de los derechos humanos y la demonización de las culturas indígenas han hecho campaña para causar un enorme desequilibrio en el ecosistema y cambiar drásticamente la naturaleza y composición de la atmósfera amazónica.

En este contexto cobran una importancia suprema la ‘ecología integral’ defendida por el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si (Capítulo IV) y su llamada a abordar las anomalías en la Amazonía al proponer convocar un ‘Sínodo de los Obispos para la Región del Amazonas en octubre de 2019. Nos insta a discernir colectivamente Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral para la Amazonía.

La ecología integral es un proyecto que promueve la armonía entre Dios, los seres humanos y la naturaleza. Promueve el progreso auténtico que sirve para una relación armoniosa entre las esferas sociales y ambientales. Integra las preocupaciones ecológicas con los imperativos éticos. Es decir, mientras cuidamos nuestra casa común, la ecología integral garantiza la protección de los pueblos indígenas y sus derechos básicos. Su objetivo es promover la dignidad humana, el bien común, la vida armoniosa, la sabiduría de las culturas indígenas y el cuidado del medio ambiente. La ecología integral está arraigada en una eclesiología encarnacional, que nos proporciona una base para comprender, reconocer, apreciar y venerar la presencia viva de Cristo encarnado en la naturaleza, en los pueblos indígenas y comunidades en peligro de extinción de la Amazonía. Por lo tanto, los compromisos evangélicos de la Iglesia están inevitablemente relacionados con el cuidado de nuestro hogar común y la dignidad humana.

El documento preparatorio para el sínodo sobre la Amazonía, además de pretender explorar Nuevos Caminos, enfatiza que nuestras actividades misioneras en la Amazonia tienen que manifestar nuestro sentido de solidaridad y diálogo con los pueblos indígenas, demostrar nuestra disposición a aprender de la riqueza de su sabiduría, mostrar nuestro compromiso con su causa de justicia y derecho, y revelar nuestra resolución de proclamar el evangelio de la armonía. Los misioneros cristianos han sido fundamentales para lograr una transformación positiva al evangelizar, educar y enriquecer a las culturas mientras participan en la liberación socioeconómica y política de la región. Sin embargo, coloreadas y nubladas por el legado colonial, esas actividades misioneras tal vez introdujeron inadvertidamente ciertos elementos que han perturbado el ritmo de la vida en la región.

El discernimiento de los nuevos caminos en la Amazonia debe incluir una búsqueda profunda del alma y una conversión radical. Con la presencia sustancial de la SVD en cinco de los nueve países de la Amazonía, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Guayana Francesa, y con ocho Provincias / Regiones vibrantes durante aproximadamente 115 años, hemos compartido las luchas de estas personas indígenas y en peligro de extinción, y hemos hecho una clara diferencia en sus vidas.

En los países a los que trabajamos, vemos cómo las empresas extractoras, en connivencia con los gobiernos, explotan a los indígenas, socavan sus derechos, ponen en peligro sus medios de vida, invaden su territorio, profanan sus lugares sagrados, destruyen la biodiversidad y contaminan la Región, todo bajo el pretexto del progreso. Algunas de las comunidades indígenas en estos territorios, como los pueblos Tagaeri,Taromenani y Tundayme en Ecuador, los pueblos Yaminawa, Munduruku, Buriticupu y Yanomami en Brasil, los pueblos Vereda, Chaparrito y Caquetá en Colombia, los pueblos Tipnis y Mosetene en Bolivia tuvieron que enfrentarse a los daños colosales, muerte e incluso la desaparición.

La lucha del Agua y tambien la lluvia llevaron a la masacre y la burla en Cochabamba. Prestamos nuestras voces a su causa y participamos en su lucha contra la injusticia y la explotación. Sin embargo, sabemos muy bien que nuestra misión es incompleta y “no negociable”. Como nuestro Capítulo General 18 nos urge (2018 GC, núms. 40-41, pág. 37), prestando atención a la llamada del Papa Francisco, a hacer que nuestra presencia “característica” sea más visible en la región. Consolidar nuestra presencia característica equivaldría a promover el diálogo profético, intensificar nuestro compromiso con la interculturalidad, revitalizar nuestra determinación de establecer la integridad ética y ecológica (JPIC) y ser pioneros en las formas progresivas de proclamar la Palabra en la región.

“El cuidado del medio ambiente no solo es parte de nuestra misión, también es parte de nuestro patrimonio. San Arnoldo Janssen creía que la naturaleza es el templo de Dios en el cual Dios nos colocó para que nos proclamara su existencia. Como discípulos misioneros transformadores, la administración de la creación es nuestra responsabilidad al expresar el amor de Dios.” (2018 GC, no.44, p.39)  Tenemos innumerables oportunidades en la Amazonía, pero nos enfrentamos a la escasez de fondos y personal. Tenemos que esforzarnos para dar una perspectiva amazónica a la Iglesia local y a nuestra Congregación.

Como principales partes interesadas, presentes en más del 80% del territorio amazónico, nos comprometemos a intensificar y acelerar nuestros esfuerzos para conservar las culturas, costumbres y cosmologías indígenas que manifiestan su sabiduría y visión del mundo, a construir una visión colectiva e integral para la región, a concebir esfuerzos de colaboración con otras congregaciones religiosas y organizaciones con propósitos similares, a crear objetivos comunes en consulta con la población local y a adoptar formas innovadoras de reclutar vocaciones indígenas que darían credibilidad y coherencia a nuestra misión.

El doloroso hecho del cambio climático también ha llevado a un despertar positivo. Ha llevado a conversiones y convergencia de corazones para un esfuerzo concertado y continuo para evitar la catástrofe inminente. Somos parte importante y animadores de este movimiento. Es reconfortante ver a algunos de los Misioneros del Verbo Divino participar activamente en el movimiento REPAM (Red Ecclesial Panamazonica), una red eclesial que promueve la colaboración y la comunión para el proyecto común del Reino de Dios en la Amazonia.

Además de la comunión, lo fundamental de este proyecto común es la experiencia de conversión integral e incluye los aspectos personales, pastorales, sociales, culturales, ecológicos y éticos (Laudato Si, §210-11) de nuestra vida y misión. Consiste en el cambio radical de comportamiento, la elección consciente de los patrones de consumo, la sacramentalización de los dones de la Naturaleza, la promoción de la armonía de la vida a toda costa y la promoción de un futuro sereno para las generaciones venideras. Esperamos que nuestros Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral en la Amazonía sirvan como paradigma para el resto del mundo en el cuidado de nuestra casa común.

Por el Padre Superior General Paulus Budi Kleden y el Equipo de Liderazgo

Publicado en el boletín “Arnoldo Nota”- Julio 2019